Una experiencia personal

Una experiencia personal

9 octubre 2017

Crónica del Mundial de atletismo Londres 2017

En primer lugar, me presento; Marta Pérez Miguel. Encantada de conocer a todo aquél que haya llegado hasta aquí para leer lo que, con más ilusión que arte, escribo en este blog. En segundo lugar, me presento como atleta; Marta Pérez Miguel, mediofondista española especialista en 1500 e internacional con nuestra selección en Campeonatos de Europa y del Mundo; esto último, lo más reciente y también lo más importante.  Y es que tras muchos años de dar vueltas y vueltas a parques, caminos y pistas, hace un mes tuve el privilegio de compartir zancadas durante algo más de 4 minutos con algunas de las mejores mediofondistas del mundo.

Os pongo en situación. En mayo realicé la marca mínima exigida en el 1500 para acudir al campeonato del mundo de pista al aire libre en Londres, 4.07.35. En julio, tras quedar subcampeona de España fui seleccionada para ocupar una de las tres plazas de las que dispone cada país en cada prueba. Y así, por primera vez, me planté en el Mundial de ese deporte al que llevo tantos años dedicando mi tiempo.  

¿Qué tal tu experiencia en Londres?” Es la pregunta que más me han hecho desde que volví. “Impresionante, disfruté muchísimo de estar allí. Pero me queda un sabor agridulce”, o cualquiera de sus variantes, suele ser mi respuesta. He vivido en primera persona lo que es el atletismo de élite, el atletismo como deporte de masas, ese deporte que engancha y moviliza a millones y millones de personas. Un estadio olímpico abarrotado y vibrante, familias descansando en los alrededores del estadio entre jornada y jornada, niños con camisetas de sus ídolos, riadas de gente saliendo hacia el metro después de otro emocionante día de competición en el tartán. He asistido como invitada de lujo a una final de 10.000 con Mo Farah como protagonista en la que el estadio jaleaba y retumbaba por tramos al compás de la carrera. A un 200 de Makwala en solitario en el que sin embargo daba la sensación de que 65.000 personas corrían a su lado. Y así podría seguir describiendo carreras, saltos y lanzamientos. Porque si algo tengo grabado en la mente es que en Londres había un maravilloso ruido que envolvía todo; mucho mucho ruido como diría Sabina. Quizá por eso contrastaron tanto esos tres segundos de silencio sepulcral tras la derrota de Usain Bolt.

Pero lo que hace que todo ello tenga un valor especial  para mí es que no he sido una espectadora más,  sino que he formado parte de esa fiesta. He compartido zona de calentamiento, cámara de llamadas y tartán con los mejores del mundo. Ese mismo ruido atronador también me envolvió a mí cuando salté a la pista y me coloqué en una línea de salida que hace años no me habría atrevido a imaginar. Competí bien, me coloqué entre todas esas pedazo de atletas que me rodeaban y corrí todo lo que pude. Y a pesar de ir concentrada y sufriendo, disfruté como una enana del que hasta ahora ha sido el 1500 más rápido de mi vida.   Llegaba al mundial muy en forma; pude prepararlo bien, sin sobresaltos y con mucha motivación. Porque por supuesto que disfruté del momento, pero la ilusión, las ganas y la alegría también impregnaron toda esa preparación previa en la que el punto de mira es hacer un buen papel con la selección.

Sin embargo, casi siempre hay un “pero”. El 4 de agosto corrí la primera eliminatoria del 1500, rebajé mi marca personal a 4.05.82… y no pasé de ronda. Y sabía que era muy difícil, que eso era lo previsible y que tendría que correr como nunca para tener una mínima posibilidad de avanzar a semifinales. Pero aunque sepas que eres el que peores cartas tienes, siempre quieres ganar un farol para poder seguir en el juego. 

Y en eso estamos ahora, en trabajar y mejorar para poder levantarnos de la partida lo más tarde posible.


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